El combustible puede afectar tu negocio aunque no tengas un camión. El problema es saber cuánto, dónde y cuándo antes de trasladarlo al cliente.
El combustible puede estar lejos de tu negocio y aun así terminar dentro de tu costo.
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Subió el diésel. ¿Realmente tienes que subir tus precios?

La eliminación de la subvención al diésel ya está provocando dudas entre empresarios y emprendedores: ¿hay que aumentar precios? No necesariamente. Antes de hacerlo conviene identificar si el nuevo costo afecta directamente al negocio, llega a través de proveedores o todavía no se ha reflejado en ninguna factura.

Subió el diésel. ¿Realmente tienes que subir tus precios?

Se quitó la subvención.

Subió el diésel.

Y casi inmediatamente apareció otra conversación:

“Vamos a tener que subir precios.”

Puede que sí.

Pero hay una pregunta que debería venir antes:

¿Cuánto subió realmente mi costo?

Porque una cosa es que el combustible haya aumentado.

Otra es que tu producto haya aumentado exactamente en la misma proporción.

Tu negocio puede no usar diésel y aun así pagarlo

Pensemos en algo sencillo.

Tienes una tienda.

No tienes camión.

No tienes maquinaria.

No compras combustible para producir.

A primera vista podrías decir:

“El diésel no me afecta.”

Pero tu proveedor trae mercadería.

Y quizá el proveedor de tu proveedor también la transporta.

La materia prima puede venir de otro departamento.

El distribuidor tiene rutas.

El agricultor puede utilizar maquinaria.

Ahí aparece algo que muchas veces no vemos:

el costo indirecto.

El problema es que mientras más lejos estamos del origen, más difícil es saber cuánto de ese aumento realmente terminó llegando a nuestro producto.

No todo aumento se traslada uno a uno

Este punto es importante.

Si el diésel aumenta fuerte, no significa que un producto deba subir en la misma proporción.

El combustible es solo una parte de la estructura de costos.

Para una empresa de transporte puede ser una parte muy relevante.

Para una tienda de ropa, quizá el efecto llegue principalmente por el flete.

Para un restaurante pueden mezclarse transporte, alimentos, gas, salarios, alquiler y otros insumos.

Para un servicio digital, el impacto directo podría ser mucho menor.

Por eso hablar de:

“El diésel subió X%, entonces yo también subiré X%”

puede ser una mala forma de calcular.

Entonces, ¿cómo sé si realmente me afecta?

Podemos dividirlo en tres niveles.

1. Impacto directo

Es el más fácil de identificar.

Tu empresa compra diésel directamente.

Camiones.

Maquinaria.

Generadores.

Equipos agrícolas.

Distribución propia.

Aquí puedes comparar cuánto gastabas antes y cuánto gastarás ahora.

2. Impacto indirecto visible

No compras diésel, pero alguien te informa:

“El transporte subió.”

O tu proveedor actualiza su lista.

Aquí ya existe un costo nuevo observable.

No estás suponiendo.

Lo puedes ver en una factura, una cotización o un nuevo precio de compra.

3. Impacto indirecto que todavía no conocemos

Este es el más delicado.

Sabemos que probablemente exista una cadena afectada.

Pero todavía nadie nos ha cambiado el precio.

Entonces aparece la tentación de adelantarnos:

“Seguro todo va a subir, subamos nosotros también.”

Ahí es donde conviene tener cuidado.

Porque estaríamos trasladando al cliente un costo que todavía no sabemos cuánto representa.

La pregunta no es “¿subió el diésel?”

La pregunta es:

¿Qué parte de mi estructura cambió?

Puedes revisar:

  • transporte propio;

  • flete de proveedores;

  • distribución;

  • costo de reposición;

  • materias primas;

  • productos agrícolas;

  • servicios logísticos;

  • mantenimiento;

  • costos asociados a entregas.

Y luego comparar.

No contra lo que creemos que va a pasar.

Contra lo que efectivamente está pasando.

Hay algo psicológico detrás

En momentos de incertidumbre, la mente intenta anticiparse.

Es bastante razonable.

Pensamos:

“Si todo va a subir, mejor subo ahora.”

El problema aparece cuando una expectativa se convierte en un costo antes de que el costo exista.

Eso puede provocar una cadena curiosa:

el proveedor cree que el transporte subirá;

el distribuidor cree que su proveedor aumentará;

el comerciante cree que el distribuidor aumentará;

y todos empiezan a cubrirse.

No significa que el aumento sea ficticio.

Significa que expectativa y costo real pueden empezar a mezclarse.

Y para un negocio es importante diferenciarlos.

¿Y si mi proveedor sube?

Pregúntale por qué.

No necesariamente para discutirle.

Para entender.

¿Subió el producto?

¿Subió el flete?

¿Cambió el proveedor?

¿Cambió la frecuencia de entrega?

¿Cambió toda la lista o determinados productos?

Eso permite saber si el impacto está realmente llegando a tu negocio.

Porque “subió el diésel” puede ser una explicación correcta.

Pero sigue siendo demasiado amplia para decidir un precio.

Antes de subir tu precio

Yo haría algo muy sencillo.

Tomaría un producto.

Miraría cuánto me costaba ponerlo listo para vender antes.

Y volvería a calcularlo ahora.

No solamente el precio del proveedor.

También transporte, comisión, embalaje, entrega y cualquier costo variable relacionado.

Si el costo cambió, entonces existe algo que analizar.

Si todavía no cambió, quizá no necesitas adelantarte.

O quizá necesitas crear un pequeño margen de seguridad.

Pero eso ya sería una decisión consciente.

No una reacción.

Y sí, hay sectores donde el golpe será mucho más directo

El impacto no será uniforme.

El transporte de carga, la producción agropecuaria, industrias con maquinaria y actividades intensivas en logística tienen una exposición más directa al combustible.

La medida fijó inicialmente el diésel en Bs 17,95 por litro, frente al anterior precio minorista de Bs 9,80, y el nuevo esquema permite posteriores ajustes según el costo de importación.

Eso hace razonable esperar presiones de costos en determinadas cadenas.

Pero “habrá presión” no significa que sepamos cuánto debe subir cada producto.

Esa cifra tiene que salir de la estructura particular de cada negocio.

Entonces, ¿subo o no subo?

La mejor respuesta probablemente sea:

todavía no mires el porcentaje del diésel. Mira el porcentaje de tu costo que cambió.

Porque ahí está la diferencia.

Un combustible puede subir mucho y afectar poco a determinado negocio.

O puede subir y cambiar completamente la estructura de otro.

El titular es nacional.

El impacto es particular.

Y antes de cambiar una etiqueta de precio, quizá conviene hacer una pregunta mucho menos espectacular:

¿Cuántos bolivianos más me cuesta realmente vender hoy lo mismo que vendía ayer?


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